Cuando la represión se va de las manos y se sube a la cabeza

El triste desenlace de un joven de 17 años que perdió la vida a manos de una bala oficial dejo al descubierto el odio de los principales elementos del brazo armado del estado.

El terrible hecho ocurrió en Barrio Solidaridad, en la zona sudeste de la Ciudad de Salta. Un joven de 17 años fue ultimado por la espalda con una bala disparada de un arma del Estado. Dos policías al grito de “se van de acá, los vamos a cagar a tiros” avanzaron sobre la vida de este muchacho.

El fiscal Miralpeix afirmó «la situación bajo ningún punto de vista ameritaba la utilización del arma». Según fuentes oficiales la investigación hasta el momento arroja que uno de los oficiales, de apellido Cardozo, le disparó al joven por la espalda con su arma reglamentaria, hiriéndolo en la región occipital y causándole la muerte.

La alevosía con la que actuaron estos elementos de la fuerza de “seguridad” provincial quedo sellada en la frialdad con la que ambos efectivos continuaron con sus tareas presentándose como si nada hubiese ocurrido a trabajar. Esto se comprueba con las palabras de Rodrigo González Miralpeix “No dieron aviso a nadie de lo sucedido”.

Desde hace un tiempo para acá a nivel nacional se han profundizado las metodologías violentas por parte de las diferentes ramas del aparato represivo del estado. A lo largo y ancho del País como puede verse en Bariloche con la represión al pueblo Mapuche, en la que Rafael Nahuel fue asesinado, también por la espalda. Así también en las afueras del Congreso Nacional golpearon salvajemente a jubilados y hasta diputados nacionales.

Organizaciones de Derechos Humanos y agrupaciones políticas exigen se aplique una pena ejemplificadora contra estos dos policías. Si bien se encuentran detenidos la Justicia salteña pide pista y en este tipo de casos se ha caracterizado por brindar protección, acercando un manto de impunidad para este “brazo ejecutor”.

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